Estereotipia Vincular- Dos (entre-2)

Estereotipia Vincular- Dos (entre-2)

Autor: Claudio Leiva

-Profesor y Psicomotricista especializado en salud y educación.

Es una modalidad relacional observada y puesta en reflexión, después de muchos años de recorrido en la clínica con niños/as y en mi trabajo dentro del área educativa. 

Sus destellos fueron apareciendo ante mí sin pedir permiso, provocando una nueva apertura.

Dos términos que no tendrían que estar asociados.

Dos palabras que deberían mirarse desde lejos.

Ambas, conmueven por la fuerza que soporta cada una.

¿Qué soportan?

Es  un enigma a descifrar.

Enigma que nos empuja a realizarnos algunas preguntas: 

¿Lo vincular, podría ser generador, de una relación estereotipada? 

¿Quién porta y quién da soporte a ese modo expresivo (en lo visible) y simbólico (en lo invisible), es el  niño/a y/o su familia?

¿Una estereotipia, podría pensarse y ubicarse como una “imagen”, construida desde un proceso vincular, donde los adultos/as cuidadores “algo” no pudieron ofrendar en relación a sus hijos/ as?

¿Qué pasa con esas mamás y papás que no pueden comprender y aceptar  que el niño/a tenga otro tiempo y un ritmo propio para realizar sus acciones?

Empujar

Antes enuncié que tanto la palabra “estereotipia”, como la palabra  “vincular” utilizadas en conjunto, serían un enigma a descifrar que nos empuja a realizarnos algunas preguntas.

 ¿Por qué digo, “nos empuja”?

En este punto, lanzo una soga mágica a mi infancia con la única y valiosa idea de traerme imágenes vestidas de recuerdos… 

Siempre me ha gustado empujar y que me empujen, desde niño. Es una acción que reúne al unísono desequilibrio y equilibrio, adrenalina y placer, miedo y sonrisa,  impedimento de la caída o caerse, cosquilleo e invasión, corridas y escapes.

Resalto y contextúo el empujar como una acción de juego, de relación, que impulsa a cierto placer y en donde no se busca provocar un malestar a los otros. (Sitúo en este punto una diferenciación con algunos empujones que buscan otros fines)

“Un lindo empujón” nos ofrecería la oportunidad de lanzarnos a tomar alguna escena y trabajarla conceptualmente.

Me pregunto: ¿A qué nos empuja-impulsa la articulación de ambas palabras?

Hipótesis de respuesta: nos impulsa a construir conceptualización a partir de la observación de procesos de relación entre padres-madres y/o aquellos/otros/as que se ocupen del proceso de crianza, con sus hijos/as, que expresan un estilo hermético y sin matices, donde diversos mediadores comunicacionales como la mirada, la palabra, los gestos, el movimiento, el pensamiento, el  tiempo y el espacio quedan congelados. Congelamiento que obstaculiza la posibilidad de que entre un “calorcito” y con él, otra matriz comunicacional.    

Estereotipias convencionales 

No es el objetivo de este escrito ubicar definiciones sobre el concepto de estereotipia. 

Las mismas pueden encontrarse en diferentes libros. Lo que sitúo a continuación, es un brevísimo punteo de algunas frases extraídas de diversos textos, con la intención de re-pensarlas.  

 “Las estereotipias se caracterizan por una ausencia de variaciones, una fijación de la actitud, repeticiones de gestos, de sonidos o de palabras sin un fin útil”.

Al mismo tiempo es muy curioso e interesante observar cómo se la pone en evidencia a nivel bibliográfico. Hay textos que la  localizan en lo visible del cuerpo (físico-motriz-gestual) otros  la ubican dentro del  comportamiento general, y algunos en el tipo y/o estilo de actividad:

“tics de hábitos”                                                                                                     

“actividad invariable y ritualizada” 

“ritualización excesiva”                                                                                                           

“estereotipia motriz”

“comportamiento repetitivo”

Se las nomina de diferente modo en función de variables que atraviesan al Sujeto, forjando espacios de clasificación conceptual, apareciendo  criterios que le otorgan  a la estereotipia una entidad diferenciada. 

Una estereotipia podría alojarse en alguna acción y/o situación, provocando un  desajuste  dentro de una secuencia conductual.

Recorrido

Decidí hacer un recorrido. Un recorrido hacia atrás. Un re-cuento. Uno propio. Contarme aquello en lo cual estuve inmerso. Pensar y pensar-me en algunas escenas con niños/as y sus familias.

Muy estimulante.

Casi 20 años intentando generar intervenciones como profesional, tanto en el área clínica como educativa  que favorezcan y den cierto bienestar. Al mismo tiempo muchas equivocaciones. 

Soy Psicomotricista. Lo soy de pies a cabeza. Me siento muy cómodo siéndolo.

Fue todo un desafío, desde la formación, hasta el trazado de un camino profesional.

No me fue fácil.

Voy a relatar algunos momentos devenidos en el proceso de tratamiento con niños/as, donde quizás  logre  explicar “que implica” desde mi práctica profesional abordar problemas dados a ver  en las  infancias.

Comparto aquí una idea:

“En algunas dinámicas familiares, se encuentra evidencia clara de un factor de relación, donde,  el adulto/a y el  niño/a recurren en forma permanente a los mismos códigos comunicacionales en donde acontece la repetición y dependencia excesiva produciéndose una estereotipia vincular, en donde el niño/a queda atrapado e incorpora un estilo que lo desubica.

Expreso, también, a modo de establecer puentes  interpretativos, que no todas las estereotipias que conocemos o están a la vista son producto de lo enunciado como idea-hipótesis.   

Propuesta

Quiero proponer (y espero me lo permitan) un pasaje. 

Les cuento que me da complacencia la palabra Pasaje. Posee cierto deleite. Es una palabra de buen paladar.

Pasaje de un espacio-tiempo a otro. El pasaje como aprendizaje significativo. 

Un pasaje de la estereotipia convencional, visada y revisada- visible, a otra (otro)  de carácter afectivo y relacional.

No se trata de lo puramente orgánico visualizado en lo instrumental del cuerpo sino de una construcción simbólica y significante que se aloja en el plano de lo vincular.  

.

Niño/a——-estereotipia vincular——-Adulto/a

Adulto/a—-estereotipia vincular——-Niño/a

Propongo un pasaje ligado a correr la mirada hacia el centro. Hacia el “entre dos”, buscando oler y tocar ese espacio intermedio construido (o no) entre ambos; en donde una marca se abrió paso, dejando una  huella. Marca que sancionó un estilo. Y una estereotipia vincular.

Desplazamiento de lo puramente visible a lo casi invisible. Hay que poner en funcionamiento otra matriz interpretativa. Oler, más que mirar,  porque, casi no puede verse. Está y no está. Presencia escurridiza.

Es de aquí, que sea posible que acontezca y se aloje en el cuerpo y en la gestualidad del niño/a, incluso en las palabras y en el pensamiento. Pero, en su origen, fue una imagen, fruto de una relación con cierta particularidad en donde el “entre dos” tomó otro camino, en el cual un cierto desatino encontró su lugar.

Desatino: otra palabra interesante:

¿Existe la posibilidad que un desatino pueda provocar semejante particularidad? 

Desatino: 1-falta de tino, tiento o acierto. 2-Locura, despropósito o error.

Encontré  otra palabra que oficia de sinónimo para desatino: “Disparate”

Disparate: 1-dicho o hecho contrario a la razón, a la normalidad o a determinadas reglas establecidas. 2-Atrocidad, exceso.

La hipótesis que pongo a rodar  es que la estereotipia vincular podría desprenderse de un excesivo equipaje, aportado por el adulto/a al niño/a, con desatino y algo de  disparate brindando un  malestar al niño/a y provocando una alteración en sus manifestaciones. 

Evidencia

Podríamos pensar que la aparición de una estereotipia vincular evidencia un proceso con cierta carga desubjetivante para el  niño/a, quedando  “desubicado/a” y sin espacio y tiempo para lo propio. El espacio intermedio se condiciona, dando lugar a una copia en donde se cierra la condición de posibilidad, para todo aquello que sea apertura significante. El “Entre dos” pierde potencialidad y el infante pierde singularidad.   

Para otorgarle a mi exposición un refuerzo mayor  tomaré varios párrafos de un texto de Beatriz Janin llamado “Intervenciones Subjetivantes” para pensar con mayor sustento y claridad la estereotipia vincular. El texto interpela  los diagnósticos ofrecidos en la infancia y adolescencia tan simplistas y con tanta irresponsabilidad. Ella dice que los mismos “Desubjetivizan”.

“Cuando lo que se busca es delimitar un trastorno, el diagnóstico suele basarse en cuestionarios a padres y maestros y en algunas pruebas que se le toman al niño. No hay tiempo ni espacio para que el diga, del modo en que pueda, lo que siente y lo que le preocupa, cuáles son sus angustias y sus dolores.

En verdad, lo más preocupante es eso: que lo que queda tapado, oculto, es el sufrimiento psíquico de niños y adolescentes.

Y si el sufrimiento queda oculto, los niños quedan lanzados a la acción. Desmienten la angustia y el dolor por el vacío que encuentran en el mundo adulto cuando comunican lo que les pasa del modo en que pueden y entonces quedan sujetos a sus propias impulsiones.”  

……………………………………………………………………………………………

Dentro del marco de una estereotipia vincular el niño/a no puede, no quiere o no le sale… desplegar acciones y actos desde una posición autónoma,  porque necesita que los otros (adultos/as) en forma constante le tracen (tallen) el camino, en donde, el qué, el cómo y dónde quedan por fuera de su deseo.

Sería algo así, como que “Todo está establecido de  antemano”.

El adulto forjó  una modalidad en donde el niño/a encaja y obedece. 

Obedece y repite el modelo que en principio no le pertenece. Luego lo incorpora, lo “hace cuerpo” “.

Me permito otra pregunta:

¿Cuál es el principio que habita, en el fundamento de la estereotipia?

Antes coloqué la palabra Equipaje. El sentido que le otorgo a la misma es la de soportar peso, demasiado peso. El adulto carga al niño/a y al unísono descarga.

Descarga tensión y poder. Tensión que traspasa de un cuerpo a otro. Y un poder que da lugar a un dispositivo con el cual  impone una normalización. 

La normalización impregna una forma, una norma, una modalidad, una conducta, revelando un adiestramiento que auspicia un cuerpo y una subjetividad dócil e inestable.

Momentos en la clínica psicomotriz

1-Cierre y apertura

Estando en sesión con un niño pequeño (4 años) y su madre, y ante la necesidad          

de ir al baño, se acercó a una de la puertas que lo llevaría al pasillo donde se encuentra el mismo. Se quedó inmóvil frente a la puerta con su mano derecha elevada cerca del picaporte, en suspenso (gesto de agarre suspendido, quieto en el aire)  y mirando a su madre que conversaba conmigo comenzó a expresar “puerta…puerta…puerta”.

La madre acostumbrada a abrirle las puertas quiso hacerlo. 

(Aclaro que éste niño no tiene ninguna dificultad para realizar tal acción)  

Intervine.

Le dije que su hijo podía hacerlo solo y que ella, en lugar de abrirle, le indique con palabras “vos podes hacerlo solo”. La mamá reprodujo esas palabras y  agregó “que yo estoy hablando con Claudio algo importante”. 

El niño dejó de mirar a su mamá (se desprendió  de su mirada) miró el picaporte, lo tomó y realizó el gesto de abrir con eficiencia.

¿Qué fue lo que se abrió, aparte de la puerta?        

Se abrió otro espacio para la palabra, el gesto y la acción.

La madre ubica, se ubica y lo ubica en otro ordenamiento simbólico.

Se abrió otra posibilidad. El niño sintió que podía hacerlo por sí mismo. Que era competente. Se sintió habilitado y acompañado.  

Apertura de Otro- espacio con un nuevo matiz comunicacional.  

2-Freno-manipulación

Un padre relata en sesión, y ante la presencia de su hija (3 años), que le gusta mucho enseñarle cosas. Ejemplificando tal acción me cuenta que cuando su hija quiere tomar algún producto alimenticio de la heladera, él se anticipa, le abre la puerta (ya que considera que es chica para hacerlo sola y aparte peligroso) y primero, antes que lo tome, él la frena (ubica su mano en la mano de su hija con la intención de frenarla, o apoya la mano en su pecho para pausar forzosamente el avance) y con palabras, le pide que “nombre” ese producto (manzana, leche, o cualquiera sea). 

Le impone “nombrar” antes de “tomar”.

Al ser nombrado el producto, y luego de recibir la felicitación correspondiente, la niña ya puede agarrar el alimento.

El padre añade que ese momento es muy bueno para que su hija aprenda desde muy temprana edad a decir bien las palabras.         

Mientras me daba su argumento miraba a la niña y expresaba: “no cierto hija que a vos te gusta hacer eso en la heladera con papá”

Otra frase que me compartió en ese momento fue: “ella está aprendiendo a decir bien las palabras y rápidamente”.

Pienso que ésta niña y su padre han construido un estilo de relación, en donde,  se ve enfrentada en forma constante  a un adulto que descarga todo su equipaje en ella, quedando congelada dentro de una escena  de manipulación que desubica y perturba.

3-La foto y la hamaca- Hamacar imágenes

Un niño de 4 años sentado en una hamaca recibiendo “mis empujones-caricias” en su espalda transitando lo primeros pasos en esa práctica. Momento de inauguración. Hago pasar a la madre al espacio de psicomotricidad anticipándole al niño la situación. 

Hacerla pasar era parte de una estrategia, pensada previamente para intervenir y trabajar con la familia.

Al ver la situación sonríe y felicita a su hijo, el cual esboza emoción y risas.

Aporto un pensamiento:

“Ningún niño/a puede o podría resistirse a esa unión tan poderosa entre el Vaivén cinético-melódico que ofrece una Hamaca y la mirada de su madre”.   

Continúo…

Rápidamente la madre quiere tomarle una foto. Lo hace. Luego observa, nos observa. Primero, necesitó, ver con un mediador tecnológico (y retener la imagen) para luego ver en vivo y en directo.

La madre realizó varios comentarios. 

Le pregunto si quiere hamacarlo.

¿Yo?-me responde.

Si, vos-le contesto.

Accede. 

Al principio se observó tironeo y forzamiento: Choque de fuerzas. Con el transcurrir del balanceo advino cierta calma, distención y una mejor disposición de ambos. 

En la relación entre este niño y su mamá hay una cierta estereotipia vincular. 

Casi imperceptible. Pero se encuentra ahí…..todo el tiempo, al acecho. 

Bienvenida ésa distención.

Bienvenido ese nuevo matiz.

A seguir pensando.

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Claudio Leiva

Bibliografía  consultada

-Revista Epicuro N°6 “El cuerpo que se juega en la Cultura”

                                   “Entrevista a Ricardo Rodulfo”

-Revista Novedades Educativas. Texto de Beatriz Janin: “Intervenciones Subjetivantes”

-N°268-abril 2013

-Libro: “El Cuerpo y el Inconsciente en Educación y Terapia”                                   

-Autores: Bernard Aucouturier y André Lapierre

-Libro: “El adulto frente al niño de 0 a 3 años” 

  • Autor: André y Anne Lapierre

-Libro: “Las 50 palabras de la Psicomotricidad”

-Autor: Jean Claude Coste

-Libro: “El Psicoanálisis con niños es un chino”

-Autor: Pablo Peusner

-Libro: “Antropología del cuerpo y la Modernidad” 

-Autor: Davis Le Bretón.

-Libro: “Vigilar y Castigar”

-Autor: Michel Foucault

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Claudio Leiva

Cla_leiva@hotmail.com

-Profesor y Psicomotricista especializado en salud y educación.

-Observador de las infancias.

-Clínica Psicomotriz para niños/as y adolescentes.

-Abordaje de perturbaciones subjetivas.

-Asesoramiento y supervisión a Instituciones. 

-Docencia e investigación.

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